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China: El país del todo a cien

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David Gray

Con más de 5.000 años de historia y una fuerza poblacional propia de un continente, China ha logrado erigirse en gran potencia mundial sin dejar de ser una de las grandes civilizaciones de la Humanidad. El antiguo imperio, sin embargo, sigue asociado en el imaginario colectivo a los “todo a cien”. Los mismos colores llamativos con los que los chinos adornan los utensilios de plástico en venta en sus franquicias en todo Occidente despertaron la admiración del público mundial durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín. La República Popular China se vistió de largo para exhibir todo su poder -económico, social e internacional- y reclamar su lugar en el podio mundial.

Más de 1.300 millones de chinos han logrado convertir a su país en la cuarta potencia mundial. China se ha valido de una fuerza de trabajo incomparablemente numerosa y adoctrinada en una disciplina marcial para situarse a 50 años vista de liderar la economía global, aunque a años luz de alcanzar una renta per cápita digna de un “western”, como denominan a los occidentales.

La ausencia de un régimen democrático ha hecho el resto: derechos laborales inexistentes, censura informativa, apoyo a regímenes dictatoriales y otras violaciones de los Derechos Humanos. De entre ellas, la más flagrante es la pena de muerte, un punto que le acerca al líder a batir, Estados Unidos, al que de momento está haciendo morder el polvo de la pista olímpica.

Con todo, estos días asistimos fascinados a los logros organizativos y deportivos de la anfitriona de los Juegos, como quien recorre los pasillos atiborrados de un “todo a cien” sin reparar en el niño que repone jarroncitos de cerámica hortera o duerme entre almohadones esperando que sus padres no le regañen el escaqueo.

Si los Juegos Olímpicos han de ser un canto a los logros de la Humanidad y a la filantropía, China nunca debiera haberlos albergado. Queda deslucida así la competición más importante del planeta, vacía de espíritu y llena de intereses ocultos. En Pekín hemos visto que el dinero sigue siendo el valor más universal y queel poder económico sigue teniendo más argumentos que cualquier circunstancia que provoque indignación.

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Written by Desiree Garcia

agosto 19, 2008 a 5:28 pm

Publicado en Uncategorized

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